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Salares y cosmovisión

Una mirada más allá de sales, minerales y agua.

Parte importante de las personas que viven en el entorno de los salares se autodefinen como indígenas o descendientes de pueblos originarios. Para estas comunidades, el vínculo con la naturaleza es un componente central de su forma de ver, entender y relacionarse con el mundo, es decir, de su cosmovisión. Se trata de una identidad profundamente arraigada a una sabiduría ancestral construida hace cientos de años. Bajo esta mirada, las personas integran la memoria del lugar que habitan, y a su vez, éste constituye el soporte físico de biografías personales y familiares.

A continuación, se entrega una breve descripción de la cosmovisión de las principales comunidades andinas asociadas a la producción actual de litio en salares, a modo de contar con una noción inicial sobre la forma de relacionarse con el entorno que define parte importante de su cultura.

Cultura Aymara

La cultura aymara traspasa las fronteras de Perú, Bolivia y el noroeste argentino. En Chile, se concentra principalmente en la zona del altiplano y las quebradas de la primera y segunda región. Uno de sus aspectos más característicos es la visión dual del cosmos, donde el “todo” posee dos parcialidades distintas que se niegan y complementan lógicamente. El tiempo, en tanto, se concibe de manera cíclica, basándose en el desplazamiento del sol o Inti.
Para los aymara, la naturaleza es sagrada y las personas forman parte integral de ella, relacionándose con gran respeto y veneración. De acuerdo a esta cultura, existe una sola realidad conformada por el medio natural y el mundo sobrenatural donde habitan tres mundos: Mundo alto a Arajj Pacha, Mundo Medio o Taipi Pacha y Mundo de abajo o Manqha Pacha. En este útimo habita Sereno, quien se asocia con el agua subterránea y con el “ojo de agua”, es decir, el origen del agua de la vertiente andina, particularmente las aguas termales y los orígenes de cualquier vertiente.

 

Cultura Quechua

La cultura quechua se expresa en un gran número de pueblos andinos que se ubican en las alturas de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Sus comunidades presentan diferencias culturales dependiendo de su ubicación, la que determina en gran medida su nivel de integración económica y social. En nuestro país, históricamente han basado su subsistencia en el pastoreo de llamas y alpacas, la minería y la agricultura. La pachamama o “madre tierra”, por otro lado, personifica a la tierra divinizada y ocupa un lugar fundamental en su cosmovisión, pues es la madre de todos los seres humanos y la principal promotora de la fertilidad de las plantas y los animales, por ello a menudo se le rinden ofrendas y plegarias.
Actualmente existen comunidades quechua en la Región de Tarapacá y al noreste en la región de Antofagasta, zona que se considera como un espacio de comunicación entre los atacameños y las poblaciones altiplánicas, permitiendo la articulación de caravanas de llamas que transportaban productos desde y hacia estas zonas, conectando las poblaciones costeras, valles, oasis y altiplánicas.

Cultura Atacameña

El Salar de Atacama contiene una de las mayores reservas de litio en el mundo, por lo que ha adquirido un protagonismo exponencial debido a su importancia para la producción de este mineral. Las comunidades que habitan esta cuenca pertenecen al pueblo atacameño o Licán-Antai, y su cosmovisión está fuertemente anclada a una relación recíproca entre el hombre y la naturaleza, siendo la “Pachamama” o madre tierra un componente central. Asimismo, se cree que los espíritus habitan distintos elementos del entorno natural, siendo los cerros uno de los más relevantes, ya que a ellos se atribuye la prosperidad de minerales, cursos de agua, y alimento para los animales. Una de los ritos que expresa esta visión de mundo es la ceremonia del Convido, en la cual se ofrecen alimentos y bebidas a la madre tierra (Patahoiri), al agua (tata-putarajni), y a los antepasados míticos o Mallkusque.

Cultura Colla

Las prácticas culturales colla están vinculadas a la cosmovisión del mundo andino y la relación con la naturaleza. El mundo colla presenta una relación sagrada con su entorno, levantando en su territorio oratorios y apachetas, lugares escogidos por la comunidad para realizar todas sus ceremonias y rituales. Frente a situaciones como viajes y cosechas, presentan ofrendas mediante el mechero, cuyo combustible es grasa animal. Otros ritos son realizados para agradecer y solicitar la multiplicación del ganado, estos son las Vilanchas y las Ofrendas de Mesas. En las primeras, se sacrifica el mejor animal de la manada; mientras que en las segundas, se ofrecen diversas figuras de elementos de uso cotidiano y mágico, confeccionados con harina y agua. Los colla tienen cuatro colores que los identifican: amarillo, negro, blanco y rojo. El color amarillo representa a Tata Inti, Tata Sol; el color negro representa a la medicina, la cultura, las ceremonias y los rituales; el color blanco corresponde a la pureza, la montaña, la nieve, la cordillera; y el color rojo representa la fuerza, el hombre, la sangre y el poder.


Una de las características más relevantes de la cultura colla es la trashumancia de carácter pastoril, que traspasa las fronteras geopolíticas. Es por esto que es frecuente encontrar grupos en senderos cordilleranos y caminos altiplánicos de Chile, Argentina, Perú y Bolivia.